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José Miguel Aldunate: “En Chile tenemos un problema importante de activismo a nivel de jueces y fiscales”

José Miguel Aldunate ha seguido con atención la crisis de la Corte Suprema, a propósito del nombramiento de ministros. “El problema es que tenemos un sistema que no ha cambiado desde el siglo 19”, dice.

Publicación: Ex-ante

-Últimamente se ha cuestionado la forma en que se nomina a los integrantes de la Corte Suprema. ¿Qué tan crítico es el problema?

-No había un escándalo en torno al problema de los nombramientos desde 2018, cuando fue el caso de Rancagua. Es un problema que estalla ahora, pero estaba esperando por ocurrir. Es decir, esto es un problema muy sentido dentro del Poder Judicial.

Si conversas con jueces, ellos siempre han levantado la importancia de modificar el sistema de nombramiento. Hay que entender que este es un sistema que, en sus líneas centrales, no se ha modificado desde el siglo 19.

-¿Es anticuado?

-Es un sistema muy anticuado, que tiene un problema fundamental no solo en materia de nombramiento, sino que en el gobierno judicial. Son las llamadas funciones no jurisdiccionales: nombramientos, disciplina, administración de los recursos, formación, las calificaciones de los jueces.

-¿Eso los aparta de su función central?

-Lo esencial es la función jurisdiccional. Pero tienen que cumplir un montón de otras funciones no jurisdiccionales. La Corte Suprema concentra tanto las funciones jurisdiccionales como las no jurisdiccionales y tiene la última palabra en ambas materias. Y eso es un problema.

-¿Por qué no ha cambiado desde el siglo 19?

-Es un problema enorme, pero es un problema silencioso. Hay problemas en materia de nombramientos, porque el inferior jerárquico, para obtener su nominación, tiene que estar en una terna o en una quina, que luego es enviada al Ministerio de Justicia. Hay que cumplir una serie de requisitos, pero hay mucho espacio para discrecionalidad. El aspirante tiene que hacer una serie de lobby, que los propios jueces denominan el besamanos.

Es un sistema antiguo, y ellos mismos lo critican mucho. Es algo que los jueces alegan y sufren permanentemente, pero que está muy lejos de las preocupaciones ciudadanas y políticas. Y también está lejos de las preocupaciones de los litigantes. En realidad es un problema que aqueja a los miembros del Poder Judicial y que no genera escándalos de manera cotidiana como el que estamos viendo hoy día en la Corte Suprema.

-¿Cuál es tu opinión sobre los famosos WhatsApp para nombrar a María Teresa Letelier? Para cierta gente es parte de la discusión política, pero otros piensan que se transforma en algo ilícito.

-En el caso de la Corte Suprema hay una diferencia. Porque es la cabeza del Poder Judicial. Y si bien no es un órgano político, y tiene un deber de imparcialidad, sí cumple una función política importante. Tiene la última palabra en una serie de materias que muchas veces son polémicas desde un punto de vista ideológico. Por lo tanto es importante que la Corte tenga una legitimidad democrática.

Por eso es vital que en su nombramiento participen los poderes del Estado: el Senado y el Presidente de la República. Así, inevitablemente, vas a tener un sistema en el cual se van a realizar gestiones para obtener los nombramientos. Quien lo explicó muy bien fue precisamente una de las ministras cuestionadas, María Teresa Letelier, cuando dijo: “aquí nadie ha sido nombrado por el Espíritu Santo”. Todos han tenido que hacer gestiones para obtener el favor de 2/3 del Senado.

-Que no es nada fácil. ¿Es muy alto?

-Es un quórum muy alto. Además, piensa que de los 21 ministros de la Corte Suprema, hay cinco que son externos. Los restantes son de carrera. Es imposible para un Senador tener algún criterio de quiénes son estas personas. Porque el Poder Judicial es, por definición, silencioso. Los jueces opinan a través de sus sentencias. No son como un parlamentario o una persona corriente, de la cual puedas seguir su recorrido político.

-Pero hay ministros de la Corte de Apelaciones que han tomado decisiones en algunos casos emblemáticos. ¿Eso no permite tener una valoración política?

-Son casos excepcionales. En la inmensa mayoría de los casos estamos hablando de jueces que para el poder político son bastante desconocidos. Por lo tanto, todas las gestiones que hacen los ministros se vuelven doblemente necesarias. Si no, sería imposible ser nombrado. Por lo tanto, esta discusión tiene algo hipócrita.

-¿Hay un doble discurso?

-Acá hay mucho rasgar vestiduras por algo que todos los ministros hacen y que es inevitable. Todos los actores saben lo que ocurre aquí. Y que las reglas del juego exigen que lo hagan. Hay mucha hipocresía en este debate.

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